miércoles, 28 de mayo de 2014

Los demonios del salar

Habrá que definir primero la noción de mal, de pureza, eso hubiese creído, pero en todo caso es inútil, trabajaremos entonces con una idea arbitraria, igualmente no intento justificar mis acciones o mejor dicho ya no intentare más justificarlas, puesto que casi siempre lo consigo.
Supuesto lo anterior, reconozco en este suburbio la existencia empírica de "demonios", personas que han vivido en los excesos, en el placer, y que han querido acabar con sus vidas en un solo golpe de vanidad, en una impulsiva entrega a la muerte, están sedientos de vida, son asquerosos y ruines, posen una miseria interna, ya no tienen ni emociones ni sueños, ¿y será que alguna vez los tuvieron?, son un cuerpo vació sin espíritu, solo carne que se pudre,  se alimentan del amor, de la sinceridad, de la inocencia, de lo imponderable, abren profundas heridas en las personas y las desgarran, como sorbiendo almas enteras, las mastican y vomitan, insaciables rondan indiferentes en busca de víctimas.

Los he visto anclados en el pasado, desde el inicio de mi existencia, los he visto dentro de mí, carcomer mi espíritu y respirar mis ilusiones como un incienso bendito,  he intentado describirlos y reconocerlos, es complicado decidir quienes son demonios y quienes no, las razones son múltiples y se entrelazan con problemas del conocimiento y otras generalidades que ya antes he estudiado.

Las consecuencias de nuestros actos, y todo el conjunto de eventos que de ellos se originen no están determinadas, al menos no a largo plazo, quizá exista una aproximación estadística, quiero centrarme en el sentido no determinista y azaroso del devenir de las acciones, será por esto quizá que  las morales solo jueguen con las consecuencias inmediatas para calificar algo de bueno o malo, las consecuencias a largo plazo pasarían a ser consecuencias  que se realizan de manera inconsciente.

He dicho antes que no intentaría justificar, mis actos, catalogándolos de buenos o correctos, pero ya no me interesa en realidad saber si lo que hago es bueno, más generalmente intento saber si lo que hago es bueno o malo, e independientemente de ello es decir su naturaleza yo continuaré, claro que sí uso alguna razón para justificar  mis actos, será una inmediata, casi impulsiva, aquella de la que sus consecuencias sean previsibles inmediatamente, aunque quizá oculte un mal más profundo y desentrañable solo por el tiempo y las nuevas visiones de la realidad y la moral, perceptible digamos solo por una mejor y más aproximada visión futurista de lo que es el bien y el mal, claro eso si suponemos que existe una tendencia de las morales por acercarse a la noción del verdadero bien y mal, aunque tal vez sea incorrecto mezclar bien y verdad, pero cualquiera que sea el caso, mis actos tendrán  cierto sentido o estarán calificados por mi mente de cierta manera, pero intentare omitir estas consideraciones subjetivas y las otra generales para  proceder de un modo distinto, que no busca justificarse en la verdad o generalidad, pero tampoco en la percepción individual, actuaré como una institución u organización intangible que castiga, y más que eso, o en otro sentido, redimensionare la frialdad de la institución, debo olvidarme de aquello que impulsa mis actos, en primer lugar, y así apartarme de la naturaleza que pueda arrastrarme a convertirme en un demonio de la mala sociedad, es decir intento acabar con ese mal porque lo reconozco en mi interior, como un deseo que debo reprimir, pero entonces yo no tendría la autoridad para sancionar, y resulta que en mi tiempo para resolver ese tipo de conflictos, se ha construido una divinidad pura, que puede juzgar y castigar, (un dios) pero dada su inalcanzable pureza es inexistente, y el orden buscado por su moral lo alcanza siempre en otro mundo, uno ideal, ya sea el cielo , con el karma.
A través de la represión de mis deseos puedo distinguirme de los demonios, pero mi condición humana, hace de la cacería de los demonios una actividad estéril, donde yo mismo he terminado por destruirme, es decir siempre se ha de fracasar pues eso que nos separa de la divinidad, nos hace a todos demonios, el hecho de ser hombres, en ese caso, aquellas partes de mi ser oscuro que no pueda reprimir, las liberaré pero serán saciadas con sangre impura de los mismos demonios, ante todo esto podemos percatarnos de que no hay bien que defender, sino el nuestro propio, no hay inocencia o pureza que respalde una defensa legitima, no hay bien que rescatar, no hay un bien general ni subjetivo, solo un bien contradictorio, puede ser visto como aquellos demonios que sienten culpa, y se detienen y no actúan y son devorados, ese impulso no natural, el mundo artificial de las ideas que pudiera ser lo que los guíe, será el bien un ideal, vacío, abstracto, sin contenido ni sentido.
Esta misma ausencia de pureza es lo que mantiene hambrientos a los demonios, que permanecen alimentándose entre ellos mismo, caníbales que detestan su propia podrida carne, están siempre anhelando, un rayo de pureza, un poco del frescor y brillo del bien, los demonios tienen pasiones más que ideales, las ideas la estructura lógica se les escapa de las manos, hacen sangrar a la razón, esos son los demonios totales, que no tuvieron la arbitraria presencia de las ideas puras, sino solo como anhelos, que dentro de ellos habitan con la forma de emociones o sensaciones impulsivas, la sustancia de los placeres y deseos que los guían.  
Por ello aunque en un principio he dicho que  no debieran tener ideales que los respalden, los tienen si, como ya lo he descrito antes.
Toda esta palabrería se convierte entonces  en un esfuerzo por diferenciarme de ellos, por existir, como ellos mismo anhelarían, y si lo logro finalmente podré ser otro, un demonio que no se alimente de la pureza, sino del espíritu vació de otros demonios, y los erradique, ser en función de estos demonios, solo para dejar de ser un demonio, si era sombra, ahora ser el cuerpo perseguido, busco eras nubladas sin sombras, que nieguen de donde provengo, o más bien cubiertas todas ellas de sombra, (acabar con la pureza) y volver a ser indistinguible, un mundo solo de bien o de mal, de nuevo imposible, con el lenguaje como arma, y cruz, contradicción, contradicción, separar desarraigar al otro y mil y un palabras que despedacen mi forma inicial que cambia al objeto descrito, y ya cubierto de interpretaciones, siendo en el fondo nota vacía, cubierta de abismos lingüísticos, proceder sin fundamento, como la humanidad toda  en la que me respaldo.

Aterrizo ahora en la particularidad de mi época y este presente de imágenes móviles, que asedian, que se pierden como sesgando el todo de nuestra consciencia, transcurriendo y cayendo quien sabe en qué abismos, presente guillotina, filosa geometría de espacio y tiempo que aprisiona en el porvenir mínimo, torrente sanguíneo hacia un rincón de la perspectiva que se cierra por el peso de la lejanía, muerte, aun cuando  apenas nos refugiamos en algunas estancias de lo que se llama memoria, y no son, no existen, existieron, somos ellas, nos determinan, de nuevo cayendo en lo insostenible, del presente, del instante carcomido, flotante en un largo y distante vació, infundamentado, como flotando en la negrura del universo, en un globo aerostático entre estrellas que nos desgarran, y de nuevo  campos invisibles, de preguntas sin respuestas, salivación de los astros estúpidos{ de nada de todo de algo y todo lo contrario}, solo de posibilidades de lenguaje, que solo intriga y de donde solo nacen sospechas de un mundo tangible y vivo, que no fuera solo palabras, sino cuerpos detrás de ellas, palabras que ocultan algo invisible para nosotros: otra palabra cada vez menos entendible, hasta que el diccionario nos regresa a la palabra contraria, a la misma palabra, y no hallamos cuerpo ni sustancia, ni finalmente  aceptamos esa naturaleza abstracta, vacía, del símbolo, ¡debe haber materia y espíritu!, contenido. Pues lo sospechamos a diario frente esos ojos que nos invitan a morir en el vértigo ácido del amor, rodeados de fuerzas fantasmas, damos vueltas en un cuarto que pierde la forma y gritamos, y vomitamos, caemos y nos arrastramos en el suelo frió, para recomenzar, estamos seguros que todo eso la emoción, el vértigo, no fue una ilusión de la caída ni de la rotación solitaria de los astros, si es, debe estar dentro, en nuestras inalcanzables entrañas, en nuestra fría conciencia. Mejor poner aquello cada vez más lejos, como un destino, como el sentido, como un dios que nos guié, si estamos perdidos.                         

En esta existencia todos estamos conectados, y somos independientes, estamos determinados por los otros, lo complicado es que aun así empíricamente esta descrita nuestra individualidad, y la diferencia  que nos distingue de los otros, hay distinción y siempre relación, indistinguible que mantiene la cohesión, la similitud, para no perdernos en soledad, y reconocernos a través del lenguaje, somos todos siempre distintos y tenemos siempre un punto en común, pero ni igualdad ni total diferencia, nunca lo conciso y extremo del lenguaje y sus palabras concretas, somos lo que el puede solo describir indirectamente, " ni uno ni otro" la aproximación de la palabra.    


Palabra clave pronunciada en todo esto



Aquellos, y debieran ser pocos los que me conocen, saben que usare, mi ojo derecho, para copiar las interpretaciones,  plagiar los símbolos, y aunque retumbe mi ataúd, destrozado, por mis detractores, el día de mi muerte, de la que no he de regresar y aunque ni en la tierra mis se ideas han de quedar. Fijas en quien sabe que otras mentes.


 Total y corrupta inmortalidad, nutrida de actos perecederos, copiar es ser aún más inexistente. E incluso ser totalmente distinto es dejar de existir para los demás.

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