la sostiene una coma, un signo de puntuación, bastara para dar soporte a toda este peso de ideas.
En mis pensamientos circunda un nombre, sin cuerpo, y queda apenas un articulo ella.
Momentos antes, la esperaba...
momentos antes entraba en este sueño de calles, blancas y amarillas de duros empedrados,
nombre lucidez marea
No hay ideas, ni pensamientos en esta aridez de banquetas rotas y lineas eléctricas, aun así el estruendo, como un fonema aberrante en mitad de esta urbe, un aterrador vértice, sobre el que se levanta, de entre casa amontonadas, una pestilente fabrica de pieles, su fachada de un oxido café y rojizo, devasta por el incordio de un sol atroz, muestra el duro rostro de los años, de los paseos entre escuela y trabajo, de la madruga, de espesa neblina, hasta sitio nocturno que ocupa un alumbrado amarillento, de subito los años mismo me arrastran, sobre este siglo, de razón.
Este suburbio es mas cielo que tierra, un salar.
Quienes bajo el influjo natural de los males congenitos caen en las drogadiccion, psicologica, no es como aquel que cae en drogas por desicion, es como si la materia los arrastrase
El tiempo es polvoso soleado, pero en lo alto de estas casas es acuático es un mundo de azulejos liquidos, un balneario, de rejas pluviales. un tanque aereo oxidado, es es soporte del sol y el cielo.
es el tiempo sediento de los arrecifes marismas sedientas,
los rios chinampas de cuartos amontonados pared tras pared , incluos un espacio oscuro nos cubre, es la piel sombra, en esta llanura imperterrita que se abre ante mis ojos cerrados.
El sueño, cantaro, el sueño, diurno, las calles eran arroyos, bancos de peces de luces, ajolotes, dentro estaba vivo,
y ha perdido el gusto por la amistad, quien no, si fuera esta virtud un monoide una semilla o germen destructivo, quebranta el asfalto, la banqueta y un rayo ígneo
el multicielo, es tierra, es un caserío, dicrepante, parederio, sin jardinerio ,
la pileta esta llena del cuerpo del sol, de un pedrusco verde, pileta de granito, el reflejo del sol horada de piedra, un balneario, un peñasco interior, en el patio mínimo, a la sombra despedazada de la higuera, y su cuerpo blanco, como el alma de arena
Tierra de sal, tierra espejo, adentro, bajo el carcomido suelo, humedales devastados, donde se hunden iglesias, mas adentro el sueño, marismas, al borde del canal, pescan con sombreros que se llenas de charales de palta, en el torrente, luminaria de estrellas, en la oscuridad el ajolote, es el dominio de tinieblas, un rayo de luz corta su cuerpo. corta el sueño
finalmente no tengo yo el valor de articular una sola linea coherente, así mi vida, no dista mucho de los próximos párrafos, sin poder alcanzar jamas la comprensión del lenguaje, mis ideas abrasivas consolidaron, mis acciones que carcomidas por esa semilla de ideas ácidas, se desquebrajaban con las estaciones y los años, ir frente al tiempo, fue un deceso del porvenir, los ladrones del monte me instruyeron en el arte, del amor a la materia, bajo esas lonas que atenuaban en una luz anaranjada, la piel apenas, tenia un toque de nervios al tomar limones, y carros de juguete con rebabas, nunca existió el miedo, ni el castigo, el mercado ambulante terminaba justa al pie de nuestra casa, un camino arenoso central, y pasto desigual, donde nos sumergíamos en juegos, el tiradero una casa construida a medias, donde los jóvenes orinan defecan, se ha cubierto de espesos matorrales y yerbas rasposas, este lodasal negro, es el pantano, y esta al centro del valle, al fondo la tierra desolada, el baldío, y el muro, por encima de el se levanta otra llanura, donde el cielo, el paisaje misteriosamente, es aplastado por la lejanía, y habrá lejanía, horas mas tarde, salgo del cerro de los escudos, me adentro a un conglomerado de paredes chamuscada y grasientas, es la ciudad capital, el paradero fantasma, de pantitlan, tiene edificaciones monstruosas túneles aéreos, parece siempre nublado, aun los días sombrios en el interior donde parten los camino es, la sombra es fría, y la llena toda un eco cavernoso, suben paleteros, con cajas cubiertas de papel fantasía.
Llegamos al suburbio, atravesamos un parque de son memorias de furia, sin sentido,
los timbales la sorda comunión del arrecife entubado, el crcante azar de la carne en la taqueria escueta, sobremanotada en plena calle, sobre un negrecido plano de aceites saturados, los comensales, fatuos, tragan las esquicias, solipceos, detertores, palabras jamas oídas, embutidos mentales, mientras el taquero quema la carne, para que de vez en cuando saltan pedazos hirvientes sobre los rostros y los ojos de niños, cerca del asador, y cuando ocurra muestre su pútrida sonrisa, ante la sobria calidad del comensal que perdona la plétora de sandeces, del acalorado cocinero, quien entrega un bulto vomitivo, con bolsas chorreantes de salsa y verdura maloliente, la lona agujerada, con la que socorre su puesto, carcomida por el sol, deja caer un hollín plastico, que da una consistencia chiclosa a esa carne casi, incomestible, al fondo de la taqueriapuede apenas verse a través de la puertas siempre abierta, una vecindad con un patio casi intransitable, donde corren niños en calzones, rodeando una oxidada tina, cubierta de flores muertas,
mientras la mañana enfria mis sueños mis pies desnudos se arrastran por esas baldosas sin sed donde , donde esta la tierra roja, la sangre de las generaciones el ardiente sodabi de los dioses donde esta la tierra roja
No hay comentarios:
Publicar un comentario