Es difícil avanzar sobre esta miserable ciudad, donde todos
desconfían apenas de una sola mirada, nadie es capaz mirarse directamente a los
ojos.
A los mexicanos les fue arrancado el vínculo más sagrado que
alguna vez les unión; el lenguaje.
Con el tiempo olvidaron a comunicarse entre sí, las personas no
son capaces de entenderse unos a otros, prefieren vivir distantes, pero aún así
el vació de la soledad les asusta, presienten que el suelo donde caminan se
hunde, y en cuanto el silencio o el tedio aborda su conciencia escarba
profundos pozos, revelando tanta nadería y vació oculto en cosas tan
mínimas como la silla, las paredes, el espejo, el interior de la mirada, todo
lo que nos rodea pierde el sustento.
Para no caer en esas oscuras fosas, atan nudos a las
personas que se encuentran entre ellos, tan frágiles y podridos que tienen que
cambiar con los años, vínculos punzantes como la mentira, hieren cada mano y
corazón que tocan, una ficción entreteje el fondo de cada vida, pasajes
polvorientos, torrentes incasables de máscaras interiores por donde apenas se
asoman el enojo, la desesperación.
Vidas que nadie vive, ¿o es al revés?: al menos en mi pude
reconocer toda ese vértigo, una vida con un sentido tan perdidizo, quise
traspasar los muros, la geometría de las palabras que me aprisionaba,
lentamente los agudos vértices de sus vocales se encajaban en mi conciencia
hasta dejarme inmóvil, nada puede contra la forma abstracta, ni el pensamiento
la trasciende, el contenido se desangra por cada arista, y un matiz tan
sangriento delinea los bordes de la libertad, la muerte está en cada oración,
en el tono diacrítico que toman las palabras antes de ser un acto imprevisto,
en el relieve que hay al pronunciar un solo nombre, tan ambiguo que se pierde
las nubladas alturas de la memoria.
Iztacalco, en un kiosco olvidado, beben al anochecer un grupo de
personas que pierden su sombra bajo caudales de follaje, el frio parece venir
de la copa de los árboles, de las alturas, miro entre las ramas donde se asoma
el cielo nocturno, la luna, el vació entre cada hoja. Y si un astro navega
entre tanta oscuridad, como puede la conciencia perderse tan fácil entre estas
calles, entre estas miradas, como puede la indiferencia formar un abismo aun
más grande...
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