He previsto la terrible sensación de los condados, que posen solo una dialéctica de un tacto fonético, en el lejano canal de cultura o jamas dicha en el instituto, nadie la dice (la palabra "dialectica"), tenemos menos de la dialéctica que solo una palabra, que acaso solo la designa y no trae sino el {desliz} sonoro de información, que quien sabe que evoque en las mentes transeúntes de avirutados y polvosos colores de cuadra, el suburbio de sal no esta contaminado de ideas occidentales, ni de sus propias ideas, él mismo no está presente, por ello no habrá que edificar sobre este montón de ladrillos sin recubrir, un porvenir, el porvenir está afuera, pasando la franja de una división política, donde damos un paso más y, hay otro sitio igual y otro, copias del mismo suburbio, las ciudades, los pueblos, todo es tan diferente ó igual o solo parecido, o algo más inmencionable, [me acerco indirectamente], al porvenir que buscamos afuera, que formamos en el exilio; en nuestras memorias terrenales, jamas nos alejamos de la célula, pero aun quedando tan sorprendidos por el exterior, nos resulta hermoso el solitario parque de mentiras (metafóricas), basura de un tianguis de frutos coagulados, el desolado edificio ante un cielo de un azul invernal, que se asoma coronado como el "anteprofundo" {de altura}, y su vieja cristalería ahumada por el sol, resguarda cuartos vacíos y aun colmados del brillo de cielo, un edificio de Iztacalco, es la imagen de una casa en lasha, no todo es lo mismo, o parecido y parecido, pero es cierto que nadie piensa ni actúa ni sueña, dentro de esta tierra mínima, con el símbolo extraño de la sal de un lago, ya seco hace mil años.
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