Una escena, ni siquiera vista por mí, sino por medio de una pantalla, despertó
un exagerado vértigo en mis entrañas, quise imitar el desagüe de palabras, el
sumidero de la poesía, como si fuera natural, nada natural usar la palabra para mí, al menos
no con ese fin estético.
Lo intente: Ese fondo, no distante sino fronterizo, sino denso, detrás de
profusas transparencias que escupen los árboles o devoran los hombres vivos, “Aire”
fuera más fácil solamente decir. No como un muro, nada dividido, si no por
arbitrarios sentidos, de nuevo me condena la metafísica, me condena el pensamiento
histórico, pero ya ni mi época dice, no poder decir nada más y acaso lo
intentara una estupidez quedaría gravada.
Aun a fuerza de evitar la metáfora, el signo se interpone. El Lenguaje ya no
se puede transgredir más, sin dejar herida a la razón o al sentido, sin que
queden solo rayones, ahora hablo de lo que hago y sobre hablar de que hablo de lo que hago, ad
infinitum, sin contenido, de eso mismo hablo al hacer un retrato en infinitas perspectivas,
pero cada vez más parecidas, al ingenio pesado, que termina. Mo hay más palabra
en las palabras.
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