No solo de tus rizos sino también tus ojos y la forma tan delicada de tu
cara, debo aceptar que tu cuerpo y tus pechos nublan los actos, tu cuerpo tan
perfectamente proporcionado, con una divinidad casi confeccionada o
confitada como filigrana auditiva, encaje translucido como la luz
que ondula en cuerdas y flota en una azul piscina como los sueños de pequeños mosaico en el fondo, estanque sobre el centro de una galería
con marquesinas como pasillos que se elevan al rededor, balneario de palmeras y
sombras, que combaten el día claro, el frescor es tu gloria de césped. Hasta
bajar al arroyo de charales, el sonido clama un torrente de nubes definidas en un blanco puro que estalla en cromo de aeronave,
cielos tan de un azul líquido, y tan altos que pintan nuestra mirada.
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