sábado, 12 de abril de 2014

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Presagio desde la tierra.

En un caserío sangrante, hendido por el relámpago de la  familia, he visto ya en mi infancia los cimientos carcomidos por la humedad y el lodo, vueltos cascajo, piedras desechas que se hunden, pero todos caemos y es el cielo que se abisma.      

Habrá que retar al lenguaje, si somos el vomito despectivo de las palabras, aquí en este co-suburbio donde se pudren los significados.
Surge la conciencia, la fosa, si esta fuera un fondo áspero y rocoso, donde anegada la humedad, despierta insectos mentales, el grillo en todo rincón del espacio con el chirrillido agudo traspasa los lindes del moho, me arrastro sobre la negra lama de la piedra, en busca de un nombre, el grillo interior es devorado por una araña de imágenes suspendidas en esta tela de sombras, apenas un instante donde la oscuridad es un abismo, pero en el ultimo segundo se entreabre una alta ventana, y entra el filo colorido del polen, una aguja de luz, irrumpe en el ano de la oscuridad, el vapor de la sangre pálida, asciende, asciende el sueño, asciende la mirada, desorbitada, y reconoce el lugar, lo objetos, la regadera, todas esa palabra humilladas y olvidadas que se hicieron objetos o pensamientos, tienen un cuerpo, afuera siempre es verano, y en el cubo hacia donde da la ventana, se levanta un muro desde el templado hueco hasta las alturas donde lejanas aun muro y nubes se conjugan, el techo llano, de escombros y cascajo, donde crecen raquíticos yerbajos, dentro de la arena y la grava , meada por los gatos leprosos, el muro cargado de luz irradia el hartazgo, el desértico paraje de los techos, como si consumidos por su anhelos de cielo, llevaran años secándose, junto a un perro demacrado, por esa misma luz, por ese mismo tiempo, los mismo años, hasta el día en que su cuerpo muerto recargado en el techo que cruje, agrietado, con murmullos que son lamentos, y si la lluvia se dignara a llegar, en un torrente un lodazal que, nos regresara al foso iracundo de los sueños, a la piedra negra de podre, sin deseos de renacer, de ser de nuevo, mientras lo vivido habría quedado en  lasos y antenas, en laminas oxidadas, escandalosas, que el viento arrasa.

Presagio hacia el cielo.
No se que me habrá despertado, quizá el espeso calor del verano, pero este sopor proviene de la tierra llameante, que mana un vapor donde hierven los cuerpos y la flores, donde el aire se inflama y sobrenada, hacia el abismo aéreo, el aire encendido de colores se hincha y puebla de globos aerostáticos, el pesado cielo tintado de un azul apastelado y coagulado,  bajo el mas nítido y puro cielo de verano asciendo., son solo ciertas la blancura de las nubes y su brillo, la profundidad del azul donde los aeroplanos ascienden y su fuselaje como un astro de plata  se desgarra por el diamante brillo de las alturas, así como una aeronave mi mirada surca el cielo, mi pensamiento es un dirigible que pierde tenuemente su sentido con los caprichos del suave viento.     




Despierto en los días siguientes de la infancia,

por donde difícilmente alguien alcanzaría a ver  
  
El ano de la oscuridad

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