Ese abismo de aeroplanos, una prisión para encerrar el tono azul que se desprende de las estrellas, también una prisión inalcanzable de paraíso, ahora mismo solo pueden ahogarse en los mares de placer los cetáceos que descienden en la oscuridad abismal, y apenas un poco los peces de caricias, en los suaves arrecifes de miradas, son un cardumen o un mejor cumulo con el tenue potencial de desatar un maremoto de sufrimiento.
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