Que desesperación es la afinidad acida de una emoción libre.
Cuanta claridad hay en una idea lejana y fija, indecible, inmarcesible.
Los vínculos son puentes que reafirman las distancias.
De ese modo nunca fue lo que fue, una palabra o una mirada, algo, solo espacio.
Ya tu concepto árido es mi muerte,
única certeza entre los hombres,
tu cabello tus miradas son de polvo,
frente a frente, no hay mascaras, solo indiferencia,
astillas homogéneas de dolor entre las llamas innumerables del movimiento,
tu dibujo; disolución en un escenario caótico.
te vi por primera vez en clase de literatura,
tu cabello oscuro como la noche que humilla mi pensamiento,
tu figura; exacta como la geometría pura del diamante que rasga los nervios que me atan a la vida,
ya tu mercurio circula por mis venas.
La claridad de tu mirada es una trampa ilógica de la pupila y su argumento de luz.
Toda la tarde llueves sobre mi cuerpo,
Vas como la nube por mi pensamiento,
Y por un instante eres todos los siglos
Eres todos los nombres en uno solo.
Más tarde cruzamos algunas palabras,
Una mirada desinteresada,
Más silencio que voz,
Y seguimos, pasan días, noches,
Años después te descubro en mi pensamiento,
Tu idea renace como una realidad indispensable,
Como el viento cantando en el incendio,
y yo te busco, busco sin encontrar,
Caigo con el instante, caigo a fondo,
Tu nombre es un abismo escarpado
donde la gravedad subvertida desemboca
El vértigo me lleva ciego de la mano
Caer en ti es regresar
Al primer día
A la primera noche ...
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