Es tan fácil avanzar al principio, cuando apenas dormimos, y vamos levemente despertando dentro del sueño, que engaño llegara a desmoronar la débiles paredes interiores del sueño, soportadas solo por nosotros, tan faltas de sentido, sin coherencia, es eso mismo lo que las arrastra final, pero este sueño tan pesado y profundo en el que caímos no se ya si juntos, no termina de convencernos, con tantas contradicciones y con tanta muerte, no hay sufrimiento suficiente para hacernos despertar, puesto que apenas lo logramos, no inyectan gotas de lo que llaman vida y placer que nos duerme nuevamente y al cabo de los años, ya mas débiles, terminamos por aceptar, la existencia raquítica, hasta que con los años nuestro cuerpo se pudre en el lecho de un sueño primordial, estoy tan convencido de ello, pues mañana lo olvidare, como si no hubiera valido, todo esto lo dicho y lo pensado, se evaporara, y quizá lo retoma mañana o quizá no creo nunca más en ello, como si pudiera conocer yo el nunca, de nuevo engaño, creo en este engaño de engaño, pero me detengo ahora, me detiene el lenguaje, y mi falta de claridad, me detiene la estupidez, heredada, toda idea impuesta y autoimpuesta, abandono lentamente la fonética las leyes estéticas, el derecho de sustantivos dulces,
le da sentido al sentido, cuerpo al cuerpo de las palabras, significado como una lapida, como la pesada tensión del entierro bajo estratos abstractos, la esencia de compactos, aplastada por abstractos, nubla, cristaliza, evapora, el contenido, a cada capa de forma, lo peor es que fue primero una lapida, que un muerto.