jueves, 14 de noviembre de 2013

veintidós sueños.

Siento el peso interior bajo el horizonte de mis sienes

Por fin se tuerce el arco de mis sueños
y mi fuerza se desvanece

ya no hay nada más adelante
nada nuevo ni anunciado

no quedan más pasos
en el sistema humano
es el final negado
por cientos de rostros
de los que siempre sospeche en el transporte
cientos de miradas
y rostros desgastados

aunque cada día nos deparen
nuevas y opacas facciones


Solo es parte del engaño
de años

hasta el día de la celebración del tedio
apenas a la mitad de la vida

la otra mitad comienza
en los pies de la muerte
en los pies del porvenir
hacia los cuerpos en conjunto
asociados
para caer de la mano
del amor
de la esperanza
de una cesta de compañía
espera
de una sola presencia
tan abandona como la nuestra

hasta vincular el ultimo suspiro
la ultima linea de confianza
esperar por la construcción
de nuestros ataúdes
por la secas y polvorientas
yerbas del sepulcro

o mas bien
esperar
por reencontrarnos
en un rostro
alimentado de nuestras  miserias
o reconfortado de sus miserables trazos de pasado


A

Infancia

A caso ellos nunca fueron extraños
por ello sospeche de mi confianza hacia ellos

Aunque llegada mi conciencia primera
me instalo tramposamente  entre conocidos

ese centelleo de duda me condeno para los años venideros

desde ese instante me sentí entre desconocidos

no conocía a mis padres
si acaso desde hace menos de cuatro o cinco años
y no era capaz de sentirme en confianza

A esto le sucedió otra sospecha
quizá mas profunda
¿todos los demás eran capaces de
preguntarse la cosas como yo lo hacia?
¿de mirarse a si mismos?

¿de dudar de mi y de mi libertad de escuchar mis propias palabras?

mi madre me habló de la muerte
yo solo lloré por temor a perderla

aun permanece el marco con el cristal roto del ropero frente al que hablamos
habrá sido la muerte lo que despertó mi primer tristeza



llore por las perecederas palabras
de los primeros instantes de mi existencia

no conocía el tiempo
ni el olvido
todo era tan presente

al cabo de unos años más
los mismos muros y voces
desgastaron mi percepción
y cada día fue igual al otro

ya memorizaba las grietas
y los amaneceres

poco a poco fui olvidando
sin saber que debía retener
fechas rostros
lugares sensaciones

hasta que de nuevo   tenia nada

eso me obligo a recordar
instantes sabores nombres días


todo puede perderse
y hay que asirlo con fuerza

todo aquello que ya no regresa
todo aquello en lo que yo mismo me perdía


recordar fue retenerme en la memoria

así prolongue mi existencia
hasta que un día ya no pude olvidar

estaba clavado sobre mi ser.

mientras las estaciones desgataban el patio

yo jugaba bajo la higuera con mis hermanas

el año se extendía
y podía asir cada segundo y todos los anteriores segundos

[aunque hoy me olvide casi todas esas tardes y lucho por que al año no colapse en un minuto,

arriesgo mis recuerdos por un poco más de este día]


los cortes en la piel, llaman a la noche de vidrios en el patio oscuro

ese estanque oxidado  se cubría de polvo

y la lluvia era un invitación al nublado interior de la casa

en el que las tardes eran cada día nuevas.

}
Quienes eran mis hermanas, parecía conocerlas de siempre.
salíamos sin considerar despertarnos
hasta que  todo el cansancio oscureciera el día.

y subíamos sin entender el peligro

los tres  eramos  vértices de ideas y juegos


pero el mal consumió los primeros años


que todos quisieran realmente olvidar por la tardes de angustia
que nuestro padre  alimentaba con su tiempo falto de sueños y amores.

por el frió hueco que deja  lo perdido

que demonios devastaron sus alturas hasta
quedar hendido en lo profundo de nuestra casa
que amor perdido creo
este irreversible instante en que nuestros corazones también
se alinearon hacia la desolación.  

vasta un solo tiempo injustamente despojado de su inocencia
para oscurecer otro tiempo inocente.